jueves, 7 de agosto de 2014

EL UNIVERSO FEMENINO ENTRE LOS WODAABE. El lado oscuro de la belleza

Probablemente habréis visto alguna imagen de los hombres WoDaaBe en el festival Gerewol, llamativamente maquillados y vestidos y haciendo muecas extravagantes. No es fácil, a primera vista, adivinar el significado de esa mascarada: ¿travestismo en el desierto?, ¿un ritual para equilibrar el poder masculino con el femenino?, ¿una burla de la pasión femenina por los afeites y las ropas vistosas? La información periodística tiende a explicar el Gerewol como si fuese la elección de “Mister Sahara” en un concurso de belleza masculina, decidido por tres hermosísimas juezas y en el que el premio es el amor de la más guapa. Algo así como el juicio de Paris pero al revés. Esa es una interpretación que cuadra bastante bien con nuestros esquemas mentales, aunque no tanto con los suyos. Como siempre, cualquier costumbre en una cultura es solidaria con el conjunto total de sus creencias, de manera que es preciso examinar el estilo de vida de este pueblo para desentrañar qué papel desempeña para ellos esta extraordinaria tradición. Para empezar a ilustrar la entrada, podéis ver una corta pero muy reveladora secuencia del Gerewol, desde el minuto 40.45, en el documental de la BBC Planeta Humano: http://www.dailymotion.com/video/xw8ue1_xplora-planeta-humano-02-desiertos_shortfilms 
La belleza andrógina de un  varón WoDaaBe, preparado para el Gerewol

El matrimonio koobegal se concierta dentro del propio linaje cuando los cónyuges son aún muy jóvenes, de manera que en él no interviene el amor. Son uniones pensadas por las respectivas familias para ganar prestigio social pero, como tienen presentes los riesgos de la endogamia, reconocen también el matrimonio por amor, llamado teegal. Son los frutos apasionados del Gerewol, el colorista festival de las culturas nómadas que representa una una versión legalizada del robo de esposas del linaje contrario y que acrecienta el estatus del varón. 


En el matrimonio teegal el rito consiste en el rapto de la mujer, con frecuencia con su consentimiento, y en el sacrificio de una oveja. Aunque esa unión no representa ningún estigma para la mujer, la “esposa robada”-como excepción a la regla general de que los descendientes pertenecen al linaje de la madre-, debe dejar sus hijos previos con el primer marido. Con ello se garantiza la herencia paterna al tiempo que se permite cierta flexibilidad en la formación de parejas.

En sus incansables viajes, montadas en asno, las mujeres acarrean aquí y allá todas sus pertenencias: camas, alfombras, los vestidos ceremoniales y los cotidianos, sus utensilios de cocina, las calabazas, los sacos con semillas de mijo, las crías de los animales y sus propios hijos. Son ellas las que construyen la tienda suudu. Su existencia está repleta de ocupaciones. Cuando los hombres, de vuelta al campamento, se relajan del trabajo tomando un sabroso té, ellas ordeñan las vacas, acarrean agua y leña para el fuego y buscan alimentos cuando la leche escasea. Su papel es opuesto y complementario al del hombre. Están orgullosas de los callos de sus manos, signo de su laboriosidad. Pero, al mismo tiempo, no renuncian a la belleza. Sus vestidos son de tela azul oscura, con faldas largas hasta la rodilla y gran profusión de joyería. Se practican al menos seis orificios en las orejas, donde colocan grandes aros de oro o plata. 

También lucen brazaletes en los tobillos que les hacen dar “pasos de vaca”, muy apreciados en esta cultura pastoril. Llevan el pelo largo, que cardan en una especie de gracioso rulo sobre la frente. Se pintan los ojos con khol negro y dibujan en la cara diseños florales y geométricos muy imaginativos. Llevan tatuajes faciales en la frente, barbilla y bajo las sienes, y que  pueden consistir en escarificaciones. Sólo se dejan seducir por el lenguaje refinado y la conversación más delicada. Verdaderamente las mujeres WoDaaBe tienen un gusto exquisito para juzgar el encanto masculino. 
Me ha interesado especialmente el análisis que realiza la antropóloga Kristin Loftsdóttir,  cuya intención confesa es desvelar los rasgos de opresión de la mujer en esta cultura, en la que las diferencias de género están nítidamente marcadas. Según esta autora, la libertad sexual de las jovencitas tiene un oscuro reverso. Las adolescentes reciben el nombre de surbadjo. En esta etapa feliz disponen de una completa libertad sexual. Pueden mantener relaciones con cualquier hombre, siempre que respeten el tabú del incesto, con amantes ocasionales o con un novio semaru. Esta fase, en realidad, está orientada a favorecer los embarazos exogámicos. De hecho, el primer hijo de las recién casadas suele ser fruto de uno de los encuentros amorosos en el Gerewol y no del marido legal.
El problema reside en que semejante libertad se acaba con el embarazo. En cuanto la joven está gestante, se celebra rápidamente el matrimonio con su esposo oficial y la mujer pasa a ser una bofido, que significativamente quiere decir “la que ha cometido un error”. Entonces desaparece completamente de la escena social durante una larga etapa, en la cual se convierte en un ser invisible incluso para los de su propio linaje. Lleva el cuerpo y la cabeza cubiertos de tela negra, no puede llevar ningún adorno, no puede saludar ni mantener relaciones sexuales, todo lo cual constituye un enorme sacrificio en esta cultura alegre y vistosa.
La joven deja entonces la casa del marido y retorna con sus padres. Durante dos o tres años no verá a su esposo ni a los familiares de este. También permanece recluida durante las fiestas anuales. Cuando termina ese período se convierte en yaridjo, esto es, mujer casada. Entonces ya puede vestir nuevamente ropas de colores y reanudar el trato social, aunque no podrá buscar esposo semaru (si os habéis fijado en el documental de Planeta Humano que os indicaba al principio, las cosas parecen estar cambiando, pues también las mujeres casadas buscan ahora pareja en el Gerewol). La yaridjo aún permanecerá uno o dos años más en casa de su madre. En ese período ya puede visitar al esposo pero no con su hijo. Se trata de un verdadero rito de paso que sigue la estructura de separación- fase liminal-reagrupación. Lo que busca es asegurar el compromiso de la mujer con el hogar. Con el encierro se la transforma de mujer accesible en esposa. 

Para marcar corporalmente, para “in-corporar” (Pierre Bourdieu) este tránsito, la mujer se ve sometida a un largo y doloroso proceso que deja caídos sus pechos para siempre, tirando de ellos hacia el suelo. Con esa práctica se señala simbólicamente el fin del deseo sexual del varón hacia ella y su dominación. Sin duda, la mujer sale de ese riguroso aislamiento con grandes cambios psicológicos que refuerzan su sumisión. Los hombres suelen utilizar la fuerza física para castigar a las mujeres, teniendo en cuenta especialmente que las nuevas esposas son una fuente inacabable de conflictos. Por ello afirma Loftsdóttir que la gran libertad sexual de que gozan las adolescentes no es ningún símbolo de su independencia y del poder femenino en esta sociedad. Por el contrario, se erige en condición sine qua non para asegurar su completa dominación posterior. 

Para esta antropóloga resulta llamativo que, mientras que a la mujer se la encasilla en múltiples fases muy diferenciadas a lo largo de su vida, desde niña a anciana (najedjo), el hombre WoDaaBe sólo transita por dos etapas: joven (kajedjo), en la que disfruta de los placeres, y viejo (dotti), cuando ya no es deseado. Para la autora, los mundos femenino y masculino no están simplemente separados sino que uno sojuzga al otro. Como vemos en la cultura occidental, de raíz también patriarcal, los WoDaaBe dividen el mundo según categorías de género. Al polo masculino se asocian los aspectos positivos de la cultura, el orden y la pureza; al polo femenino, los de naturaleza, desorden y polución. Las consecuencias de ese desvalor se proyectan sobre el conjunto de su organización y tienen una incidencia negativa sobre la mujer.
Este es un fragmento de un texto más amplio, al que podéis acceder en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com/2014/08/gerewol-el-festival-del-amor-en-el.html

5 comentarios:

  1. waoo,, me gustari visitarloss jajá ,, pero no me gusta como se trata a la mujer en esa tribu,, la mujer es lo mas hermozo que hay ..

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    1. Me encanta cómo piensas que se necesita tratar las mujeres! Así es, las mujeres necesita un trato de respecto y amor!!!

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    2. Me encanta cómo piensas que se necesita tratar las mujeres! Así es, las mujeres necesita un trato de respecto y amor!!!

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